miércoles, 27 de noviembre de 2013

El camino más largo

Fredo, curioseando sus nuevas propiedades.

A veces, no seguimos el camino más corto. En ocasiones, la vida nos indica qué debemos hacer pero intentamos no escuchar sus dictados. Pero la vida siempre gana, a pesar de nuestra tozudez.

Cuando nos encontramos a Fredo, abandonado, intentamos buscarle una casa que lo pudiera acoger. La nuestra no se contemplaba como opción porque un piso habitado por dos humanos y dos gatos no es el entorno ideal para un perro de caza. Además, si uno de los humanos tiene alergia al pelo de los perros, la adopción es, todavía, más complicada.

Por ello, intentamos buscar a una familia que lo pudiera integrar como a un miembro más. En un primer momento, parecía que lo habíamos conseguido. Pero no siempre lo que parece es lo que es. Por suerte, pudimos recuperarlo y unos buenos amigos lo acogieron en su casa durante medio año. Nunca les agradeceremos lo bastante su dedicación y ayuda durante estos meses. Sin embargo, nosotros lo rescatamos y la responsabilidad es nuestra. Ha llegado el momento de asumirla.

Así que, en parte, hemos vuelto al inicio, pero, al mismo tiempo, todo es diferente. Nosotros ya no somos los mismos que nos encontramos a Fredo en la carretera y ahora tenemos claro que Fredo vino a nosotros para quedarse, para formar parte de nuestra familia. Ayer volvió a casa y estamos en el proceso de aclimatación mutua, entre él y nuestros dos gatos. Los primeros pasos son cautos pero prometedores. Espero que, a no mucho tardar, los podamos ver durmiendo juntos, dándose calor los unos a los otros.

¡Bienvenido a casa, Fredo!