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| Fredo, curioseando sus nuevas propiedades. |
A veces, no seguimos el camino más corto. En ocasiones, la
vida nos indica qué debemos hacer pero intentamos no escuchar sus dictados.
Pero la vida siempre gana, a pesar de nuestra tozudez.
Cuando nos encontramos a Fredo, abandonado, intentamos
buscarle una casa que lo pudiera acoger. La nuestra no se contemplaba como
opción porque un piso habitado por dos humanos y dos gatos no es el entorno
ideal para un perro de caza. Además, si uno de los humanos tiene alergia al
pelo de los perros, la adopción es, todavía, más complicada.
Por ello, intentamos buscar a una familia que lo pudiera
integrar como a un miembro más. En un primer momento, parecía que lo habíamos
conseguido. Pero no siempre lo que parece es lo que es. Por suerte, pudimos recuperarlo
y unos buenos amigos lo acogieron en su casa durante medio año. Nunca les
agradeceremos lo bastante su dedicación y ayuda durante estos meses. Sin
embargo, nosotros lo rescatamos y la responsabilidad es nuestra. Ha llegado el
momento de asumirla.
Así que, en parte, hemos vuelto al inicio, pero, al mismo
tiempo, todo es diferente. Nosotros ya no somos los mismos que nos encontramos
a Fredo en la carretera y ahora tenemos claro que Fredo vino a nosotros para
quedarse, para formar parte de nuestra familia. Ayer volvió a casa y estamos en
el proceso de aclimatación mutua, entre él y nuestros dos gatos. Los primeros
pasos son cautos pero prometedores. Espero que, a no mucho tardar, los podamos
ver durmiendo juntos, dándose calor los unos a los otros.
¡Bienvenido a casa, Fredo!







