miércoles, 27 de noviembre de 2013

El camino más largo

Fredo, curioseando sus nuevas propiedades.

A veces, no seguimos el camino más corto. En ocasiones, la vida nos indica qué debemos hacer pero intentamos no escuchar sus dictados. Pero la vida siempre gana, a pesar de nuestra tozudez.

Cuando nos encontramos a Fredo, abandonado, intentamos buscarle una casa que lo pudiera acoger. La nuestra no se contemplaba como opción porque un piso habitado por dos humanos y dos gatos no es el entorno ideal para un perro de caza. Además, si uno de los humanos tiene alergia al pelo de los perros, la adopción es, todavía, más complicada.

Por ello, intentamos buscar a una familia que lo pudiera integrar como a un miembro más. En un primer momento, parecía que lo habíamos conseguido. Pero no siempre lo que parece es lo que es. Por suerte, pudimos recuperarlo y unos buenos amigos lo acogieron en su casa durante medio año. Nunca les agradeceremos lo bastante su dedicación y ayuda durante estos meses. Sin embargo, nosotros lo rescatamos y la responsabilidad es nuestra. Ha llegado el momento de asumirla.

Así que, en parte, hemos vuelto al inicio, pero, al mismo tiempo, todo es diferente. Nosotros ya no somos los mismos que nos encontramos a Fredo en la carretera y ahora tenemos claro que Fredo vino a nosotros para quedarse, para formar parte de nuestra familia. Ayer volvió a casa y estamos en el proceso de aclimatación mutua, entre él y nuestros dos gatos. Los primeros pasos son cautos pero prometedores. Espero que, a no mucho tardar, los podamos ver durmiendo juntos, dándose calor los unos a los otros.

¡Bienvenido a casa, Fredo!

sábado, 23 de febrero de 2013

Día 8: ¡Hasta siempre, Fredo!


Fredo acepta, resignado, el traslado a su nuevo hogar.
La semana con Fredo ha estado llena de trabajos y de tensión, de felicidad y de emociones. Su último día con nosotros, ayer, fue, si cabe, todavía más emocionante. Habíamos quedado con un posible adoptante a última hora de la tarde. Debíamos coger el coche y recorrer unos 100 kilómetros hasta llegar a la masía en la que vive. Su perfil era el ideal para nuestro querido Fredo. Una familia joven, con una hija, en el campo.

Tras perdernos –quizás el subconsciente nos hacía no querer decir adiós a nuestro querido animal- finalmente llegamos a la nueva casa de Fredo. No me extenderé en el encuentro porque ello pertenece a la intimidad de los nuevos adoptantes. Simplemente diré que se desvanecieron cualquier tipo de prevenciones y que nos pareció que teníamos ante nosotros el mejor futuro que le podíamos ofrecer a nuestro querido Fredo.

Así pues, nos dijimos adiós rápidamente. Las despedidas dolorosas, cuanto más breves, mejor. Fredo nos miraba sin entender nada, sujeto con una cadena a su nueva casa. Suponemos que todavía se sentirá triste, hasta que se adapte a su nuevo hogar. Lamentamos enormemente su sufrimiento, pero merece la pena. Esperamos que su felicidad en los próximos años compense estos momentos de tristeza.

Un triste adiós y un futuro de esperanza.
Con la nueva vida de Fredo, que seguramente tendrá una nueva identidad, toca decir adiós a este espacio, creado para darle una segunda oportunidad. Gracias a vosotros, quienes lo habéis leído y habéis compartido sus vivencias, ha podido Fredo encontrar un nuevo hogar. Por ello, os estaremos siempre agradecidos.

Hay muchas imágenes de estas últimas horas que vuelven a mi mente. Pero quiero recordar el último paseo que dimos con él por Montjuïc, su hábitat durante esta semana, y cómo se emocionaba entre la vegetación, buscando rastros y experimentando olores y sensaciones. Os dejo unos segundos en vídeo de ese paseo, una forma de que experimentéis qué significaba pasear a ese magnífico y noble animal.


Fredo visita Montjuïc por última vez antes de encaminarse a su nuevo hogar.

Ayer finalizamos la revisión de “La delgada línea roja”, una maravillosa película de Terrence Malick. Como despedida, incluyo unos pensamientos del capitán James “Bugger” Staros, interpretado con maestría por el actor Elias Koteas, que se refieren a su tropa y que definen, a la perfección, nuestros sentimientos hacia nuestro querido Fredo:

You are my sons, my dear sons. You live inside me now. I'll carry you wherever I go”.

viernes, 22 de febrero de 2013

Día 7: El largo viaje

Los ojos líquidos de Fredo verán esta tarde nuevos horizontes.

Esta tarde toca realizar un largo viaje y Fredo no se lo imagina. Durmiendo en su habitación, tranquilo tras haber caminado más de una hora antes de que salga el sol, no es consciente de que hoy puede ser un día muy importante, el principio de su nueva vida.

Fredo se ha aclimatado a la perfección. Ya empieza a conocer el terreno, predecir las pequeñas rutinas diarias y a encariñarse con nosotros. El problema es que nosotros también lo conocemos, y lo queremos, más.

Durante esta semana, en la que hemos compartido numerosos paseos, hemos aprendido de su bondad, de su agradecimiento. Cualquier duda que pudiéramos albergar cuando lo recogimos ha sido eliminada con creces gracias a esas miradas líquidas que nos dirige y que nos atraviesan el corazón.

Sé que lo mejor para él es contar con espacio para poder comportarse según su naturaleza. Nos lo ha demostrado en sobradas ocasiones cuando tira de nosotros cuando llegamos a una zona un poco más asilvestrada. Es su hábitat, es su vida.

También sé que lo mejor para nuestros gatos es que recuperen su terreno, cercenado por el nuevo visitante, y que se relajen de la incomodidad y el stress de los últimos días, cuando detectaban en la casa a un nuevo ser al que apenas han podido husmear o entrever.

Todo ello es lo que nos indica la lógica, pero el corazón tiene otros motivos. Adelanto en la imaginación la tristeza con la que nos verá partir. Espero que no piense durante mucho tiempo que ha vuelto a ser abandonado, que el amor que le transmitan sus nuevos dueños le haga olvidarse rápidamente de nosotros.

Esta tarde haremos un largo viaje para ver si Fredo puede tener una casa en la que ser feliz. Para nosotros, el viaje comenzó hace una semana. Un viaje lleno de emociones, compañerismo y amor. No lo olvidaremos.

jueves, 21 de febrero de 2013

Día 6: Una bala en la recámara

Midiendo fuerzas con su contrincante.
Nueva visita al veterinario. En esta ocasión, para implantarle el chip, vacunarlo y estudiar más en detalle su estado general. Como se le había detectado un soplo en el corazón, queríamos conocer si esa afección tenía alguna repercusión en su vida diaria, por lo que el veterinario nos recomendó hacer una placa del tórax. Y aquí me encuentro, con el chaleco de plomo, mientras intento sujetar los cuartos traseros de Fredo para que no se mueva cuando los rayos X atraviesen su cuerpo. El veterinario le sujeta las patas delanteras y la cabeza y, mientras, pulsa el interruptor que pone en marcha el proceso. Justo cuando la máquina reacciona, Fredo se asusta e intenta desasirse, dando al traste con la exploración. Volvemos a empezar. Lo sujetamos con más fuerza, procurando no transmitir la tensión al animal, tendido de costado y que respira agitadamente. El segundo intento parece que funciona. El veterinario se marcha a revelar la placa y yo me quedo con Fredo, acariciándolo mientras me repito que todo saldrá bien.

Tras un intervalo de tiempo que se me hace eterno, el veterinario vuelve a por nosotros. No me gusta la expresión de su cara, pensativa. "Tengo dos noticias para ti... ". Ya me imagino la continuación, " ...una buena y una mala... ". Pero me dice " ...una buena y una extraña... ", y continúa, "el tamaño de su corazón está dentro de los límites normales, por lo que no parece que el soplo tenga consecuencias importantes en su funcionamiento, pero hemos detectado otra cosa, un cuerpo extraño en su tórax". Me lleva a la sala de reconocimiento, donde la placa aparece en la pantalla del ordenador. "¿Ves esto blanco de aquí? -es un mancha pequeña, de bordes nítidos y mucho más blanca que el resto de la radiografía- Fredo lleva en su cuerpo una bala". Lo miro atónito. ¿Le dispararon para matarlo? "No, si un cazador quiere matar a uno de estos perros no gasta una bala, normalmente lo cuelga. Seguramente fue un disparo accidental, al ser confundido con la presa o ponerse en la línea de tiro justo cuando dispararon". Me imagino el disparo, el dolor inmediato y la huída de Fredo. "No se aprecia ni la cicatriz en el cuerpo, así que ya hace tiempo que pasó. Se curó lamiéndose y esperando que cicatrizara la herida. Sin duda este perro tiene ganas de vivir".

Salimos de la consulta colapsados. Volvemos a Montjuïc, a que Fredo se relaje de su experiencia y a respirar un poco de aire y estirar las piernas. Nos cruzamos con unos trabajadores de la construcción. Transportan al hombro unos delgados hierros, que entrechocan y generan ruidos metálicos. Fredo huye despavorido. Los cazadores, pienso. Cree que son los cazadores. Esa misma noche, nos dará otra muestra de cómo le ha afectado el accidente. Está oscuro, paseamos por Montjuïc y, de repente, dos petardos resuenan en la distancia. Fredo tira de la rienda y se oculta tras un banco de madera. Nos costará unos minutos lograr que salga y vuelva a caminar confiado.

Fredo, el perro de porcelana con una bala en la recámara. 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Día 5: Un primer arranque de genio

¡Camuflaje!
Parece que el bueno de Fredo no sólo está enamorando a nuestros vecinos. Ya hemos empezado a recibir respuestas de familias interesadas en su adopción. Como es lógico, priorizamos el orden de petición y que el perfil de la familia sea lo más compatible posible con las necesidades de nuestro perro de porcelana preferido. Veremos si podemos ofrecer buenas noticias a finales de esta semana. Mientras tanto, seguimos cuidando de él de la mejor manera que sabemos.

En el poco tiempo que llevamos con él ya nos ha demostrado que disfruta enormemente perdiéndose entre la maleza. Es un perro de caza, sin duda, se vuelve loco siguiendo rastros y obedeciendo señales que sólo él detecta. Tenemos suerte de vivir cerca de Montjuïc y de podernos perder con él en la montaña. Cuando llegamos a calles transitadas, se incrementa su stress con los ruidos del tráfico, las sirenas y otros estímulos sonoros a los que es evidente que no está acostumbrado.

Esta mañana nos ha demostrado su primer arranque de genio. Mientras confraternizábamos con otro perro y con su propietario, Mery ha comenzado a acariciar el lustroso pelaje del otro can, un husky siberiano. Si hasta entonces Fredo se había deshecho en fiestas hacia su nuevo amigo, ha sido ver el interés que Mery mostraba por el husky y comenzar a gruñir, indicando que le pertenecemos. Salta a la vista que nos está cogiendo cariño. Aunque emociona ver la gratitud de Fredo, duele pensar que tendremos que despedirnos de él. Todo sea para que su bienestar sea el máximo.

martes, 19 de febrero de 2013

Día 4: De porcelana

Siguiendo el rastro.
Ya nos lo habían comentado en el Facebook, y lo hemos confirmado. Fredo es un perro de raza. Pertenece a la conocida como "perros de porcelana", dedicados a la caza, pero muy buenas mascotas. Según se afirma, "Este perro tiene un carácter tranquilo, afectuoso y amigable. El porcelana disfruta mucho de la compañía de su dueño y su familia lo que lo convierte en una excelente mascota. Son muy cariñosos con los niños y suelen ser relativamente independientes". Damos fe de que así es. Es confiado, amigable y muy cariñoso. Y cada vez que ve un niño lo mira feliz con sus grandes ojos acuosos.

Por sus características, su hogar ideal sería una casa (mejor que un piso) con una familia con hijos. Y tenemos la esperanza de que pueda conseguirlo, porque ya se han puesto en contacto personas interesadas por él.

Mientras tanto, seguimos paseándolo por Montjuïc, que es el entorno más cercano a su hábitat natural. Esta mañana nos ha dado muestras de su carácter de cazador. En las zonas verdes ha encontrado un rastro y lo ha seguido con la emoción y fuerza de su cuerpo en tensión.

Fredo sigue estando un poco más delgado de lo que le correspondería, pero se muestra feliz, animoso y energético. Ha comenzado a comer y beber con regularidad y todas sus funciones digestivas se desarrollan a la perfección, ya me entendéis.

Cuando volvemos de los largos paseos, nos sorprende ver con qué alegría entra en nuestro piso y se dirige, él solo, a la habitación que le tenemos asignada. La siente como algo parecido a un hogar.

lunes, 18 de febrero de 2013

Día 3: Visita al veterinario

Si los ojos son el espejo del alma...
La visita al veterinario, al igual que a cualquier otro médico, no es sólo traumática para el paciente, sino para su familia. Cuando se acude al médico, aunque sea por un chequeo rutinario, uno siempre espera que éste enarque una ceja y comente que ha detectado alguna anomalía...

Con ese estado de ánimo nos presentamos hoy en la consulta. Además, sabíamos que la pata derecha anterior le molestaba. La revisión más completa nos trajo noticias buenas, no tan buenas y una hipótesis más que plausible sobre por qué lo encontramos abandonado en la carretera.

Las noticias buenas son que su estado general es bastante bueno. Tiene una ligera desnutrición, lógica tras sus aventuras en solitario. Pesa 22 kilos y su peso ideal rondaría los 25. Nada que no se pueda solucionar con mimos y buenos alimentos. Las molestias en su pata anterior derecha son debidas a una herida en la uña del espolón. La veterinaria le cortó todo lo posible la uña y le estamos poniendo una crema para facilitar la cura de la herida y evitar infecciones. De nuevo, nimiedades.

Las noticias no tan buenas son que, auscultándolo, la veterinaria le ha detectado un soplo en el corazón. Esta malfunción no tiene por qué comprometer su vida, pero puede que le haga cansarse más que a sus congéneres.

Y ésta podría ser la razón de su abandono. Recapitulemos: es un perro de campo, probablemente dedicado a la caza. Si cualquier problema le hace retrasarse y no es válido para ello, la ley del campo dicta que ha de desaparecer. Así de triste es la vida.

Por lo tanto, la hipótesis más plausible es que fuera abandonado recientemente, a la espera de su muerte. No parece que se trate de un animal perdido sino de un ejemplo de eugenesia, digna de tiempos pretéritos.

Así pues, parece ser que Fredo no es un buen perro de caza. Pero lo que está claro es que es un buen perro, a secas. Las veterinarias que lo han atendido, al igual que todas las personas con las que nos hemos cruzado, han caído rendidas a sus encantos y a su carácter.

Quizás las liebres estén más seguras en el campo gracias a él, pero mírenle a los ojos. Verán, a través de ellos, su buen corazón (en el sentido figurado). ¿No se merece este bello animal una oportunidad?