viernes, 22 de febrero de 2013

Día 7: El largo viaje

Los ojos líquidos de Fredo verán esta tarde nuevos horizontes.

Esta tarde toca realizar un largo viaje y Fredo no se lo imagina. Durmiendo en su habitación, tranquilo tras haber caminado más de una hora antes de que salga el sol, no es consciente de que hoy puede ser un día muy importante, el principio de su nueva vida.

Fredo se ha aclimatado a la perfección. Ya empieza a conocer el terreno, predecir las pequeñas rutinas diarias y a encariñarse con nosotros. El problema es que nosotros también lo conocemos, y lo queremos, más.

Durante esta semana, en la que hemos compartido numerosos paseos, hemos aprendido de su bondad, de su agradecimiento. Cualquier duda que pudiéramos albergar cuando lo recogimos ha sido eliminada con creces gracias a esas miradas líquidas que nos dirige y que nos atraviesan el corazón.

Sé que lo mejor para él es contar con espacio para poder comportarse según su naturaleza. Nos lo ha demostrado en sobradas ocasiones cuando tira de nosotros cuando llegamos a una zona un poco más asilvestrada. Es su hábitat, es su vida.

También sé que lo mejor para nuestros gatos es que recuperen su terreno, cercenado por el nuevo visitante, y que se relajen de la incomodidad y el stress de los últimos días, cuando detectaban en la casa a un nuevo ser al que apenas han podido husmear o entrever.

Todo ello es lo que nos indica la lógica, pero el corazón tiene otros motivos. Adelanto en la imaginación la tristeza con la que nos verá partir. Espero que no piense durante mucho tiempo que ha vuelto a ser abandonado, que el amor que le transmitan sus nuevos dueños le haga olvidarse rápidamente de nosotros.

Esta tarde haremos un largo viaje para ver si Fredo puede tener una casa en la que ser feliz. Para nosotros, el viaje comenzó hace una semana. Un viaje lleno de emociones, compañerismo y amor. No lo olvidaremos.

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