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| Si los ojos son el espejo del alma... |
Con ese estado de ánimo nos presentamos hoy en la consulta. Además, sabíamos que la pata derecha anterior le molestaba. La revisión más completa nos trajo noticias buenas, no tan buenas y una hipótesis más que plausible sobre por qué lo encontramos abandonado en la carretera.
Las noticias buenas son que su estado general es bastante bueno. Tiene una ligera desnutrición, lógica tras sus aventuras en solitario. Pesa 22 kilos y su peso ideal rondaría los 25. Nada que no se pueda solucionar con mimos y buenos alimentos. Las molestias en su pata anterior derecha son debidas a una herida en la uña del espolón. La veterinaria le cortó todo lo posible la uña y le estamos poniendo una crema para facilitar la cura de la herida y evitar infecciones. De nuevo, nimiedades.
Las noticias no tan buenas son que, auscultándolo, la veterinaria le ha detectado un soplo en el corazón. Esta malfunción no tiene por qué comprometer su vida, pero puede que le haga cansarse más que a sus congéneres.
Y ésta podría ser la razón de su abandono. Recapitulemos: es un perro de campo, probablemente dedicado a la caza. Si cualquier problema le hace retrasarse y no es válido para ello, la ley del campo dicta que ha de desaparecer. Así de triste es la vida.
Por lo tanto, la hipótesis más plausible es que fuera abandonado recientemente, a la espera de su muerte. No parece que se trate de un animal perdido sino de un ejemplo de eugenesia, digna de tiempos pretéritos.
Así pues, parece ser que Fredo no es un buen perro de caza. Pero lo que está claro es que es un buen perro, a secas. Las veterinarias que lo han atendido, al igual que todas las personas con las que nos hemos cruzado, han caído rendidas a sus encantos y a su carácter.
Quizás las liebres estén más seguras en el campo gracias a él, pero mírenle a los ojos. Verán, a través de ellos, su buen corazón (en el sentido figurado). ¿No se merece este bello animal una oportunidad?

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